viernes, 12 de mayo de 2017

Apuntes históricos de la fundación de antigua hermandad de San Isidro



En el año del Señor de mil ochocientos diez y siete, D. Bartolomé Cabello y Portilla, en representación del común de labradores de la villa de La Rambla procedían a solicitar la aprobación de las ordenanzas de una hermandad bajo la advocación de San Isidro Labrador.

“En la villa de la Rambla, a cuatro días del mes de Junio del año de mil ochocientos diez y siete, anti mí el escribano por S.M. público y de número de ella, y testigos, que se expresaran, parecieron. Dn Bartolomé Cabello y Portilla, Dn Francisco de Gálvez Calo, y Dn Alfonso Ximenez Gálvez, labradores y vecinos de esta villa, y dijeron: Se hallaban nombrados diputados por los labradores de esta villa, en junta celebrada en veinte y cuatro de febrero de mil ochocientos diez y siete, para el establecimiento y creación de una hermandad, bajo la advocación de San Isidro; bajo particulares ordenanzas y constituciones que había formado para cuya firmeza y aprobación necesitaban hacer uso de ella en el Real y Supremo Consejo de Castilla”
Para llevar a cabo esta aprobación del Real Consejo, los labradores rambleños confiaron en un agente de negocios de la villa de Madrid, Dn Bernardino de Málaga, para que los representaran en todas las acciones y requerimientos que fueran necesarios para lograr la creación de la hermandad. Tras el estudio de las ordenanzas, el 8 de agosto de 1817, se expende en Madrid la correspondiente cédula en nombre del Rey, Fernando VII.  
Las ordenanzas “que deberán observarse por el gremio de labradores, y propietarios de la villa de la Rambla, bajo la protección de San Isidro Labrador” es una serie 21 apartados que describen la finalidad y obligaciones de la hermandad.

Cabe destacar, además de su juramento de servicio a Dios, al Rey Católico y a la unión y defensa de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, una serie de obligaciones muy características. Se menciona como la junta general está obligada en el día festivo siguiente a la celebración de S. Isidro a la elección del Hno. Mayor, Coadjutor, Tesorero y Secretario, para el culto del Santo, preparando todo lo necesario para su celebración, dedicando una misa cantada, sermón, así como el repartimiento de limosnas acordes al fondo disponible de la hermandad. Otro punto está muy relacionado al carácter mutualista de la hermandad, ya señala que “por cada labrador que muera, la hermandad tenga la obligación de decir una misa de réquiem cantada, y seis rezadas”. Además, se obliga a “que si acaeciese que algún hermano, por una desgracia imprevista independiente de su mano y si haberse reparado de una regular conducta y aplicación, necesitase que la hermandad le socorra, lo hagan los cuatro diputados con los fondos de la hermandad”. Para el mantenimiento del culto al Santo, así como el repartimiento de limosnas y socorro de labradores necesitados, si conviniera, se haría en la primera junta tras la aprobación de las reglas, la entrega de cada labrador al tiempo de su incorporación en la hermandad, una primera donación de media fanega de trigo, o su valor al precio corriente. No falta la virtud de la caridad, ya que se obliga a repartir en el día de la festividad de San Isidro limosnas entre los pobres. Finalmente, como hermandad del común de labradores, el Diputado mayor y el Coadjutor, junto con un aperador de cortijo y un capataz de olivar y viña, seleccionados con el visto bueno del Alcalde de la villa, tendrían la obligación de reunirse todos los domingos para acordar el jornal de plaza, fijando el que resultara en la plaza pública para que constara a todos. Igualmente, para los jornales de los cortijos, se celebraría una junta cada quince días, fijándose el que resultara acorde entre todos; y por último, para los de los temporeros, que trabajaran desde mayo hasta S. Miguel, se reunieran los mismos cuatro en el día festivo anterior a la finalización de la temporada, para fijar el precio de ella, haciéndolo público por el mismo orden y fijándose en un libro de juntas que reflejaran tales precios. Para evitar fraudes y obligar al cumplimiento de todo lo anterior, el Diputado mayor y el Coadjutor, estarían obligados a velar por todo ello, y si algún labrador o hacendado lo incumpliera, se pasaría de oficio al Alcalde para exigir compensación monetaria.

R. Casas
Mayo de 2017

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